Anecdotas Profesionales

Locutor de Eventos Rafael Arrastia

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Monaguillo

Las monjitas me propusieron ser monaguillo de la capilla del Sagrado Corazón; yo tenía apenas diez años, pero ya intuía que las oportunidades no deben desaprovecharse.
Sabía también que el lugar que no ocupas vos lo ocupa otro chico.
A mi me interesaba sobremanera participar, al menos con un papel secundario, en esa función que el domingo tendría público asegurado y que además tenía miles de años en cartel.
A pesar de que no tenía ni la más remota idea de cómo era el “guión” de la misa, acepté.
Si…si… por supuesto que todos los domingos nos peinaban como lambida de vaca y nos arriaban a la catedral, pero uno con la sola ilusión de regalarle “flores a la pubertad”.
Quiero destacar que yo me sentí muy reconocido y muy orgulloso con el ofrecimiento; eso si, hubo “Amor” de por medio y también otro paquete de “Rumba”, de carne somos…hermanos.
Recuerdo que ese pequeño acicate fue un tiro limpio en el centro del deseo (igual, no hacía falta).
Así fue como comencé a ganar experiencia a costa del pobre cura. La misa conmigo al lado se transformaba en un verdadero milagro. Hasta que aprendí. Y entonces llegó el gran día.
Me tocaba la misa de la catedral. Se imaginan, en la misma catedral de San Luis donde diez años antes había sido bautizado, tenía que “leer ante público” un fragmento bíblico. No se como lo hice, pero yo me sentía como telonero de U2.

No digo que fuera Juan el Bautista ni que le llegara mil millones de años luz debajo de las plantas de los pies de Pablo, pero en definitiva, mi bautismo de fuego como “locutor ante público” fue con un texto sagrado.

Locutor del acto escolar

La directora, cruzó el patio hasta llegar al grupo; obviamente nos callamos, en un ”nocturno” los alumnos son un poquito más respetuosos; y más con esa mina tan piola que hacia participar a todos los quintos en la organización de los actos patrios.
Algunos cursos ponían un número artístico y de otro quinto salía el locutor, quien debería dar entrada a la bandera de ceremonias, luego invitaría a cantar el himno, a su término presentaría las “palabras alusivas” y por último los números artísticos -entre ellos el coro del colegio-.
Sin duda cumpliría una función importante, podríamos definirlo como la “columna vertebral” del encuentro o el ensamblador de climas.
Partiría con la solemnidad de nombrar la enseña que Belgrano nos legó (al menos ponerla en palabras ya que en el hombro se me hizo imposible en los cinco años); pasando por la profesora de música que desde el piano nos ofrecía una versión curricular del “hits” de López y Planes, hasta tener el honor de presentar a la máxima autoridad del establecimiento.

Esa misma señora que, ya casi dentro del grupo, dijo: “del quinto de ustedes tiene que salir el locutor, ¿usted Caputo… puede?.
Ante lo que mi compañero respondió que el 25 de mayo tendría que faltar porque ya se había comprometido con otro evento.
Caputo estaba agrandado, pero esto afortunadamente generaba un espacio, un lugar que alguien debería ocupar.
Al estilo Riquelme, ví el hueco, y cuando la directora se retirada, la intercepté y amablemente le dije, señora:”Si Caputo no puede, quédese tranquila que yo tengo mucha experiencia en esto”.
Al día siguiente sonó el teléfono de mi casa y de quien era la voz, de la mismísima directora. No cabía dentro de mí y durante tres días, frente al espejo, estudie de memoria los textos que yo mismo redacté que recordaban a aquellos jóvenes insolentes del Cabildo Abierto.

El día del acto sentía tanta responsabilidad que se me infló un pelota número cinco adentro del pecho, y la directora debió aplicarme un empujón con sus partes más redondas para que subiera al escenario.
El acto salio prolijo, sin baches y sin sobresaltos; no era poca cosa para un primerizo, así que la directora ni lerda ni perezosa me designó como locutor oficial para el 9 de julio.
Si, sin duda fue algo bastante inconsciente pero yo me jugué una carta ganadora…la necesidad; ya que, en medio del incendio, nadie le pide currículum a un tipo vestido de bombero.

Rafael Arrastia
rafael@locutoranimador.com.ar

Estos textos pueden ser reproducidos con autorizacion y adjuntando el E-mail

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